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Ahora si me has enseñado a dejar huella…

“Cuando el alumno esté preparado aparecerá el maestro”

                                                                      Proverbio Zen

 

La conocí hace tres años. Me impactó. Por todo su ser, especialmente por su capacidad de ver y comunicar más allá que el resto de la humanidad.

Ya la seguía pero ese día fue el primero que hable personalmente con ella y nunca olvidaré sus palabras sobre mí persona: tan precisas, claras y contundentes como ciertas.

En ese momento supe que ella sería la referente en el terreno profesional de coaching e inteligencia emocional que yo comenzaba entonces. Lo que todavía no sabía es que se convertiría en mi maestra de vida.

Fue hace un año cuando empecé a trabajar más íntimamente con ella mediante un proceso de coaching. Para mí era un sueño, poder estar a solas durante una hora con la gran Joaquina Fernández.

Como imaginarás estaba entusiasmada cuando llegue a su consulta, iba a trabajar con un mito para mí. Confieso que siguiendo muy de cerca al entusiasmo, estaba muerta de miedo.

Las personas que me informaron de su buen hacer como coach, también me advirtieron de su dureza. Algo que a mí me atrajo especialmente por tener también esa cualidad y sentirme identificada con ella y con su forma de hacer coaching.

La sensación de miedo se me paso en el instante que nos miramos a los ojos. Supe que ella sabía todo lo que yo necesitaba e incluso veía cosas que yo ni siquiera conocía todavía. El miedo se transformó en serenidad.

Lo maravilloso del coaching es la conexión entre dos personas trabajando como si fueran una misma. Esa unión invadió todo mi cuerpo ese día.

Se ha mantenido y formado parte de mi vida hasta el 18 de agosto que el Universo (seguramente en una sesión de coaching con ella), decidió que “la jefa” era necesaria en el cielo para aportar un poco de mano dura allí.

Se ha ido mi coach, mentora, referente, compañera y amiga. Mi maestra de vida que seguirá siempre aquí.

Desde ese día, como tantas otras personas, estoy intentando captar todas sus señales y reinventar otra manera de conectar de nuevo. Sé que ella así lo ha querido y más adelante descubriremos para qué.

Aunque el duelo es muy duro, cada día me quedo con lo mejor. En los momentos en que me invade la pena salgo enseguida, (sobre todo porque sé que si estuviera conmigo me regañaría si no lo hiciera ja, ja…)

Los que la conocéis sabéis a lo que me refiero y los que no, la verdad, es difícil explicar cómo una persona tan firme y severa por una parte, puede ser también la más dulce y delicada por otra.

No dejaba indiferente a nadie. Es auténtica por encima de  todo y una fuente inagotable de conocimientos no sólo en el ámbito de crecimiento personal.

Quiero dedicar este post a todos los afortunados que la conocéis y sentís su vacío y muy en especial a todos los que habitan su casa: Jon, Paloma, Mónica, Cristina y Adriana.

Gracias a vosotros, Joaquina Fernández siempre estará cerca porque sois parte de su corazón.

 

Joaquina, me despido de ti con este escrito entre lágrimas  agradeciendo todo lo que me has dado y dedicándote tú pregunta favorita:

¿Eres feliz?

 

Y recuerda, sobre todo y siempre…Sonríe

 

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